Andrew Milner
En países desarrollados, la filantropía corporativa es una rama de la filantropía sofisticada y bien establecida. ¿Cómo se desenvuelve en economías emergentes?, ¿qué modos adopta?, ¿qué opinan los gobiernos sobre ella? Alliance realizó estos cuestionamientos para intentar encontrar una respuesta a éstas y otras preguntas.
¿Está en crecimiento?
La respuesta parecería ser un claro “sí”, aunque hace falta información. La filantropía corporativa “es una de las ramas de la filantropía rusa que más está creciendo” dice Natalya Kaminarskaya del Foro de Donantes Rusos, mientras que Jorge Villalobos de Cemefi, en México, y Atallah Kuttab de SAANED, en la región árabe, describe el crecimiento de la filantropía corporativa como “exponencial”. México y Sudáfrica son dos lugares en los que se tiene información disponible. De acuerdo con Villalobos, en 2010 la filantropía corporativa realizó 32% del total de las donaciones hechas en México. De acuerdo con Colleen du Toit, del CAF Sudafricano, En Sudáfrica el sector de las no lucrativas recibió 25% de sus donativos de corporaciones, bajo el esquema conocido como inversión social corporativa (ISC).
La falta de información dificulta cuantificar la filantropía corporativa en otros países. Mientras que no se cuentan con cifras para Turquía, dice Filiz Bikmen, antes parte de la Fundación Sabanci, hay un claro crecimiento “en términos de nuevos temas y alianzas con el gobierno turco y organizaciones internaciones, y hasta cierto punto con ONG”. En Indonesia, dice Natalia Soebagjo del Centro para el Estudio de la Gobernabilidad en la Universidad de Indonesia, “las corporaciones privadas tienden a ser más reservadas sobre las donaciones que realizan a la filantropía o caridad, por lo cual resulta difícil rastrearlas”.
Serah Makka de la Fundación Tony Elumelu señala que “la filantropía corporativa se está volviendo más prevalente en Nigeria dado que se está apelando a las organizaciones para que se responsabilicen por cómo sus operaciones impactan a la sociedad y al medio ambiente”.
¿Cómo ha emergido?
La explicación1 de Natalia Soebagjo sobre cómo se ha desarrollado la filantropía corporativa en Indonesia es similar a las observaciones realizadas en otras economías emergentes: la riqueza personal ha aumentado en parte porque se han privatizado empresas gubernamentales. Estas nuevas formas de propiedad llevaron a conflictos laborales, conflictos de terrenos e incremento en el daño al medio ambiente. Para contrarrestar estos problemas, “las corporaciones lanzaron programas de RR.PP. y RSE para las comunidades locales. Las corporaciones más grandes también establecieron fundaciones empresariales para complementar su programa de RSE”.
Atallah Kuttab señala que varios elementos han desencadenado el crecimiento de la filantropía corporativa en la región árabe: rendición de cuentas, tal como fue promovido en las primeras etapas de la Primavera árabe, presión de grupos, requisitos para los reportes ISO de sustentabilidad y la presencia cada más fuerte de Pacto Mundial reportando sobre la región. A pesar de lo anterior, Kuttab señala que “la principal fuerza impulsando las inversiones en la filantropía corporativa es la caridad. Por el momento, los desarrollos más recientes de la Primavera árabe han creado un ambiente de inestabilidad en los negocios y, por lo tanto, en la filantropía”.
En muchos países, tales como Brasil, Rusia, India y Sudáfrica, la filantropía corporativa se ha desarrollado desde hace tiempo atrás, aunque la dirección o enfoque que está tomando sea reciente. In Brasil, por ejemplo, “el concepto ha cambiado en las últimas dos décadas hacia actividades que puedan producir efectos sustentables” dicen Marcos Kisil y Paula Fabiani del Instituto para el Desarrollo de la Inversión Social (IDIS).
En Rusia, Natalya Kaminarskaya señala que “apoyar causas social fue parte de las obligaciones de las empresas aun durante la era soviética. Por lo tanto, la mayoría de las empresas tenía jardines de niños, hospitales y campamentos de verano”. Después de la política de la perestroika, las empresas se inclinaron más hacia un apoyo técnico, pero la presión del Estado hizo que de nuevo proveyeran fondos porque los recursos corporativos eran virtualmente la única fuente para la infraestructura social del país. Aunque todas las empresas más grandes tienen programas de filantropía, señala que “aunque ni son necesariamente públicos, ni están bien organizados, todas los tienen”.
En Sudáfrica, la inversión social corporativa (ISC) también tiene un amplio desarrollo, dice Colleen Du Toit: “Desde las épocas colonias, las compañías sudafricanas (especialmente el sector minero en las primeras décadas) han llevado a cabo una u otra forma de donación corporativa. Durante el apartheid fue principalmente caridad ‘de cheques’”. Desde entonces, la legislación ha proveído un estímulo; por ejemplo, bajo la Black Economic Empowerment Act (Ley del Impulso a la Economía Negra, BEE), las compañías registradas deben dedicar al menos 1% de sus ingresos netos después de impuestos a proyectos de ISC.
De igual manera, en India las donaciones corporativas, aunque no son nuevas, están en procesos de surgir, dice Meenakshi Batra de CAF India. “Muchas corporaciones están tomado interés y están aprendiendo mejores vías para dar algo a cambio”. Esta es una tendencia que el gobierno apoya por medio de leyes que incitan a las empresas a dedicar 2% de sus ingresos netos a causas sociales.
Transnacionales ponen el ejemplo
En China, el terremoto de Sichuan en 2008 “impulsó a muchas transnacionales y empresas locales a revisar su portafolio filantrópico” señala Cy Yeung de Intel China. Las transnacionales han sido pioneras en la RSE y empresas como Intel han extendido sus programas de comunidad global a nivel local. “Pero se espera que la brecha se reduzca cuando las empresas chinas se den cuenta de los valores centrales de la RSE y los utilicen para impulsar su expansión internacional”.
En Turquía, la filantropía corporativa comenzó con los holdings turcos (conglomerados con un número de corporaciones operando en diferentes sectores), los cuales son propiedad de familias y tienen fundaciones establecidas por la familia, lo que Filiz Bikmen fundación empresarial/cuasi familiar. Al igual que en Cina, las transnacionales tienden a liderar las acciones de RSE, utilizando estrategias desarrolladas en su experiencia en otros campos. Por ejemplo, Intel ha capacitado a más de dos millones de maestros K12 (alrededor de 15% de todos los maestros K12) para impulsar la transformación educativa. También lanzó la Iniciativa Innovadora para incubar a futuras líderes del sector no lucrativo.
Las transnacionales marcan el camino en Indonesia también, dice Natalia Soebagjo. “Las empresas lucrativas tomaron la delantera en RSE, enfocándose en el desarrollo de la comunidad en sus zonas. Ahora, otras empresas, particularmente empresas con mercados internacionales, están siguiendo el ejemplo”.
¿Por qué lo hacen?
Como se señaló con anterioridad, hay un amplio número de razones para el incremento de la filantropía corporativa: presión de grupos u oficial, expectativas sociales en general, deseo de mejorar la imagen púbica (y posiblemente aumentar las ventas), deseo de restituir los daños humanos y ambientes generados, así como un deseo genuino de promover el bienestar de aquellos entre los cuales operan.
Marcos Kisil y Paula Fabiani sugieren que, por lo general, se trata de una forma de compensación: “Las empresas con operaciones en Brasil ven la RSE como una herramienta para restablecer la confianza del público al proveer un servicio a aquellos que han sufrido por la distribución inequitativa de la riqueza, originalmente iniciada por algunas de estas corporaciones”. De acuerdo con Serah Makka, “la historia de la filantropía corporativa organizada en Nigeria se deriva de las prácticas en los sectores de petróleo y gases naturales, y telecomunicaciones y bancos, impulsados por empresas transnacionales occidentales y locales, cuyas actividades de filantropía corporativa buscan resarcir los efectos adversos que han ocasionado en comunidades locales”.
Una gran parte de la filantropía corporativa sigue los intereses de la empresa. Las corporaciones trucas, dice Filiz Bikmen, proveen fondos para programas “que tienden a estar más alineados con su sector y/o clientes y con los intereses de los empleados”. Muchos creen que las empresas solo se enfocan en la filantropía corporativa para mejorar su reputación y atraer más consumidores, “pasando por alta las otras funciones centrales de la RSE” tales como los derechos de los trabajadores y la protección al medio ambiente.
¿Qué respaldan?
Las acciones de filantropía corporativa de la mayor parte de las empresas en Nigeria “se inclinan a proveer infraestructura y servicios para la sociedad”, dice Serah Makka, añadiendo que “es común que las compañías adopten un papel cuasi gubernamental” donde los gobiernos, o no han podido, o no han querido, proveer los servicios sociales esperados. Nigeria no es el único lugar donde se espera que las contribuciones corporativas tomen los cabos sueltos de los servicios de asistencia pública. Hemos notado que ocurre lo mismo en Rusia y Colleen du Toit señala que el gobierno sudafricano “depende del sector de la ONG para proveer muchos de los servicios que debería proveer el gobierno; por ejemplo, servicios de asistencia social, desarrollo de la infancia, salud, etc.” y, como se mencionó con anterioridad, un cuarto de los fondos de las ONG provienen de las empresas. La educación es el principal foco de atención de la ISC en Sudáfrica, representando 40% del total “debido a la crisis educativa en Sudáfrica y la necesidad de las empresas necesitan de promover a la nueva generación de profesionistas”.
Los sectores más populares para las 30 compañías más importantes listadas en la Bolsa de Estambul son: arte y cultura (23 por ciento), educación (18 por ciento) y deportes (10 por ciento). Sectores más espinosos, como derechos humanos, usualmente son evitados, dice Filiz Bikmen, aunque una excepción es el grupo mediático Dogan, que ha lanzado una campaña masiva para terminar con la violencia doméstica. En la región árabe, dice Atallah Kuttab, la filantropía corporativa ha avanzado poco en “solucionar problemas clave en las sociedades árabes, tales como construir un sistema educativo que cree oportunidades iguales para jóvenes, empleos para jóvenes, un mejor sistema de salud, etc.”.
¿Fundaciones empresariales y fundaciones familiares?
En muchos países no hay una clara distinción entre fundaciones empresariales per se y las fundaciones creadas por las familias dueñas de la empresa. Una gran parte de la filantropía corporativa se lleva a cabo por medio de programas de RSE, u otras iniciativas filantrópicas directamente asumidas por la empresa.
Natalia Soebagjo dice que, en Indonesia, “las principales corporaciones indonesias comenzaron como un conglomerado de familias, y la distinción es muy vaga”. En la región árabe, Atallah Kuttab señala que las fundaciones familiares han crecido a partir de fundaciones que estaban más directamente relacionadas con la empresa. En China, donde “las fundaciones empresariales son un fenómeno nuevo” dice Cy Yeung, hay una tendencia a que los emprendedores exitosos comiencen su propia fundación familiar.
Sin embargo, tanto Colleen du Toit en Sudáfrica como Meenakshi Batra en la India, reportan que las fundaciones de empresarios con un alto valor neto, no están conectadas a las fundaciones empresariales dentro de sus empresas. En México, también, la diferencia es clara: en el caso de las fundaciones familiares “los recursos provienen de los bienes de la familia y la junta directiva es presidida por un miembro de la familia, o incluso todos son miembros de la familia”. En el caso de fundaciones empresariales, los recursos provienen de la empresa y el presidente del consejo “usualmente es alguien que representa a la empresa”. Sin embargo, Jorge Villalobos señala que estas distinciones no siempre son observadas cuidadosamente en la práctica.
En Brasil, la filantropía familiar ha jugado un papel menor en la inversión social, pero esto puede estar en proceso de cambio dado el incremento en la riqueza personal y que las familias empiezan a establecer sus propias fundaciones de manera independiente a la empresa en la cual hicieron su fortuna. Aunque actualmente no hay incentivos fiscales para fundaciones familiares, su independencia en la necesidad de actual es los sectores de interés de la empresa, puede hacerlas más atractivas.
¿Solo o con otros?
Natalya Kaminarskaya dice que en Rusia “la mayoría de las empresas implementan ellas mismas sus programas, sin confiar en las no lucrativas como aliados. Están más dispuestas a formar una alianza con el gobierno”. En China, los empresarios exitosos que están en proceso de organizar sus fundaciones, suelen hacer las operaciones de sus propios programas porque “las ONG de base no están bien desarrolladas”.
Natalia Soebagjo dice que en Indonesia las empresas operan sus propios programas pero usualmente en alianza con OSC locales. “Muy pocos programas, si es que alguno, hacen donaciones” señala. Con mayor frecuencia, se utiliza una gama de herramientas, desde dar recursos hasta operar directamente los programas. México, Indonesia y la región árabe caen en la categoría ‘un poco de todo’.
En México, señala Jorge Villalobos, esto es un proceso en evolución: cuando son nuevas en el sector, las empresas operan sus propios programas; más tarde, cuando la iniciativa crece, forman alianzas con OSC. Además, muchas agencias gubernamentales son “donantes autorizados” y reciben donaciones empresariales. Algunas empresas de la India operan sus propios programas, señala Meenakshi Batra, pero muchos trabajan con ONG (aunque otras fundaciones de la India siguen a cargo de la operación en lugar de hacer donaciones debido a una desconfianza constante en ONG). Se espera que esta tendencia incremente: “Con más y más empresas donantes, van a pasar sus programas a ONG”.
En Brasil, algunas empresas toman una postura de ‘escribir cheques’ dado que es más sencillo. Algunas más sofisticadas, tienen su propio equipo “una institución o departamento tipo fundación”, tal como lo expresan Marcos Kisil y Paula Fabiani, misma que es responsable de administrar cualquiera de sus ‘compromisos sociales’. Con frecuencia trabajan en sus propios programas porque les permite controlar cómo se emplean los recursos. Cuando existen alianzas, las compañías brasileñas tienen a formarlas con no lucrativas con buena reputación “por su confiabilidad establecida y su éxito comprobado”.
La mayoría de las empresas turcas no tienen grandes equipos para la filantropía corporativa o RSE, dice Filiz Bikmen, así que las compañías que llevan a cabo proyectos de ‘responsabilidad social’ usualmente invitan a una ONG (generalmente una que es conocida y confiable) “para codiseñar un proyecto compatible con los mercados de la empresa y sus criterios de operación”. La Fundación Sabanci es la única fundación familiar/empresarial turca con programas que permiten a las ONG solicitar fondos de manera estructurada, y los apoya por medio de un set de actividades específico con un dedicado equipo de expertos. La Fundación Vodafone en Turquía ofrece donativos de apoyo para algunas iniciativas multianuales seleccionadas.
Posturas oficiales
Aunque el gobierno turco tiene una expectativa general de que las empresas contribuirán de alguna forma, dice Bikmen, “esta expectativa ni está explícitamente definida, ni tampoco se fomenta activamente”. Los acuerdos internacionales más que las expectativas nacionales “están guiando a Turquía en esta dirección, por ejemplo, el proyecto de la UE sobre la RSE como un vehículo para la armonización, la competitividad y la cohesión social, que inició nuevos debates sobre el papel de las empresas y el gobierno en relación con la RSE”.
En Rusia, dice Natalya Kaminarskaya “las empresas no tienen la obligación oficial de ser social socialmente responsables, la única excepción es el requerimiento formal a las empresas de gobierno de producir reportes sociales, pero se espera que tanto el estado como las empresas apoyen causas sociales”.
Aun en la India, donde un proyecto de ley para hacer reportes de RSE obligatorios está en proceso de ser aprobado, el gobierno no ha hecho la RSE obligatoria. El proyecto de ley estipula que la empresa destine dos por ciento del “promedio del ingreso neto de los últimos tres años” a la RSE. Si no lo hacen, entonces la junta directiva debe dar razones detalladas de por qué no lo hicieron en el reporte anual de la empresa.
Atallah Kuttab considera que las fundaciones árabes están en una buena posición para incidir en las políticas públicas e incidir en la agenda pública de reformas. Por el momento, sin embargo, hace falta un marco legislativo favorable. En una reunión reciente en el Cairo, representantes de fundaciones en la región establecieron su intención de hacer un borrador de una ley de fundaciones y proponer a los gobiernos locales que la adopten.
Además de la India, Sudáfrica es el único lugar donde existen requisitos legales para donaciones empresariales, Además de la ley BEE, hay una serie de actas constitutivas que establecen obligaciones empresariales para el sector de industria. El Acta Constitutiva de Minería, por ejemplo, requiere que las empresas mineras aseguren que las comunidades locales se beneficiarán de sus actividades. En la práctica, dice Collen Du Toit, esto no funciona como se pretende y “los códigos de la BEE y leyes derivadas están siendo revisadas”. A pesar de esto “la estipulación de que el 1 por ciento de las ganancias netas después de pagar impuestos sean invertidas en desarrollo socioeconómico, ha asegura una fuente de ingresos estable para muchas ONG sudafricanas”. El sector empresarial provee al menos un cuarto de los fondos que recibe el sector ONG. Así como a ISC, el gobierno fomenta que las empresas formen alianzas con el gobierno y con ONG para desarrollar proyectos. Esta estrategia no está libre de críticas: “los analistas señalan que tanto las empresas como la sociedad civil están desempeñando tareas que corresponderían al gobierno”.
El gobierno chino fomenta, más que obliga, a que las empresas gubernamentales llevan a cabo la RSE. La comisión de supervisión y administración de activos gubernamentales (CSAAG) publicó los lineamientos donde recomienda a las empresas gubernamentales a publicar su reporte de RSE para finales del 2012 (al momento de escribir este artículo, no había información disponible sobre cuántas lo hicieron). De acuerdo con la visión de la CSAAG, dice Cy Yeung, el que las empresas que llevan a cabo RSE van a “incrementar su creatividad, añadir valor a su marca y mejorar la calificación de sus empleados, además de los beneficios sociales y medioambientales acumulados”.
La misma situación sucede en cierta medida en Brasil, aunque curiosamente las donaciones de empresas brasileñas han estado estimuladas por el hecho de que “casi no hay incentivos fiscales para los individuos o las familias que donan” dicen Marcos Kisil y Paula Fabiani. En contraste, las empresas obtienen beneficios fiscales por donaciones a la causa de derechos de la infancia, proyectos de cultura y deportes, y a organizaciones certificadas por el estado.
La mayoría de los encuestados mencionan la situación fiscal desfavorable en su país. En Nigeria, “hace falta que [la filantropía en general] tenga regulaciones o incentivos adecuados”, dice Serah Makka. La Fundación Tony Elumelu propone actualmente un proyecto de ley que, además de proveer un marco regulatorio adecuado para el sector, entre otras cosas proveerá incentivos fiscales para empresas (y otros) donantes. En México, el régimen fiscal “limita las donaciones al estipular que las empresas no pueden deducir donativos que sobre pasen el 7 por ciento de sus ganancias durante ese año fiscal”.
¿Nuevas direcciones?
¿Se está convirtiendo la filantropía corporativa en un tema cada más teórico y en menos una respuesta para las necesidades inmediatas? Hasta cierto punto sí. Una gran parte de la filantropía china está enfocada en “donaciones reactivas” dice Cy Yeung, mientras que Atallah Kuttab señala que la filantropía corporativa en la región árabe es sobre todo de “beneficencia”. Sin embargo, hay nuevas tendencias evidentes en muchos lugares. “Recientemente, para reducir riesgos e incrementar el impacto de la inversión social” dicen Marcos Kisil y Paula Fabiani, “las empresas están desarrollando nuevas formas de colaboración. Proyectos conjuntos con instituciones privadas y alianzas con el gobierno tienen más en común”. Fundo Vale, por ejemplo, trabaja en colaboración con empresas públicas, privas e internacionales o con ONG que apoyan proyectos relacionados con la sustentabilidad. Los fondos los mantiene principalmente Vale, una de las corporaciones mineras más grandes de Brasil.
Meenakshi Batra señala que “la filantropía en la India está dejando de ser beneficencia y está orientándose en el desarrollo. Se están generando muchos aprendizajes gracias a que las empresas están enfocándose en asuntos de calidad y están tratando de asegurar que sus intervenciones sean significativas. Pero señala que aún están en etapas iniciales: los portafolios de donaciones están en crecimiento pero siguen siendo reducidos. En Sudáfrica, dice Colleen du Toit, la mayoría de las grandes empresas han tenido la precaución de invertir en programas sustentables que apoyen un cambio y un desarrollo social real.
Involucramiento de empleados en la comunidad
Las empresas en muchos lugares empiezan a fomentar que sus empleados se involucren con la comunidad por medio de donaciones de sueldos, voluntariado y donaciones en especie, con frecuencia igualadas por la empresa. En la región árabe, Atallah Kuttab señala que hay un mayor “fomento al personal para que se involucre en trabajo voluntario”; Marcos Kisil y Paula Fabiani señalan que existe un fenómeno similar en Brasil. En Sudáfrica también hay un creciente interés en las empresas para que los empleados se involucren, aunque no se tienen claras cuáles son las razones. Lo mismo sucede en Turquía donde la Asociación de Voluntariado Corporativo, establecida en 2002, ayuda a crear la capacidad de las empresas para diseñar e implementar programas de voluntariado corporativo, y emparejarlas con las ONG aliadas. La asociación tiene 60 miembros, dos tercios de los cuales son grandes empresas turcas, y el resto son transnacionales. Sin embargo, señala Filiz Bikmen, 90 por ciento de las empresas en Turquía son pequeñas y medias empresas: el sector que menos se involucra en la filantropía corporativa.
Efecto general de la filantropía corporativa
Jorge Villalobos dice que incrementa la cantidad de los recursos donados e incrementa las alianzas entre y intersectoriales. También “incrementa la reputación del sector corporativo al fomentar que el público en general vea a las empresas como actos sociales involucrados, además de generando ganancias”. Natalia Soebagjo concluye que “desde la base, la filantropía corporativa están realizando contribuciones importantes, particularmente en un país como Indonesia, donde la disparidad de ingresos es tan grande que el abismo entre los pobres y los ricos se siente insuperable”.
En la India “está llamando la atención de un grupo de interés más amplio, sobre involucrarse en causas sociales y de desarrollo. Está involucrando a los empleados…por medio del voluntariado, crear consciencia y donaciones individuales (vía nómina); está ofreciendo fondos muy necesitados a las ONG para continuar con su trabajo justo al tiempo que las donaciones internacionales continuar secándose”.
Ante la falta de un monitoreo confiable y una evaluación de impacto, Collen du Toit señala, continua siendo difícil medir los efectos en general. “La mayoría de las empresas sudafricanas están renuentes a gastar en monitoreo y evaluación, prefiriendo utilizar los fondos disponibles en ISE que puedan ‘contar’ dentro del puntaje requerido por la ley de BEE”. Sin embargo, el cumplimiento con los códigos de rendición de cuentas, como la Iniciativa de Reporte Mundial (IRM) y los códigos sudafricanos sobre el gobierno corporativo, están resultando gradualmente en mejores planeaciones y administración y reporte de resultados.
Otros creen que aún no emergen los verdaderos resultados. Atallah Kuttab, por ejemplo, piensa que la insistencia de las empresas en ofrecer resultados “hará que las ONG donatarias se enfoquen más en los resultados y en la forma de medirlos, lo que hará que eventualmente mejore el desempeño y la rendición de cuentas del sector en general”.
“Las empresas pueden hacer más de lo que dan”, argumenta Cy Yeung. Tienen una “inmensa oportunidad de hacer buenas acciones solo por medio de valores compartidos”. Ve la oportunidad de que las empresas se involucren en sectores como salud, edad, educación, servicios sociales y medio ambiente para “fomentar otros 30 años de crecimiento”. Para que esto pase, sin embargo, es necesario hacer un replanteamiento radical del papel de la filantropía corporativa. Hasta que eso pase, opina, tendrá que quedar como “la cereza sobre el pastel que es bueno tener”.
Fuente:
Andrew Milner. Corporate philanthropy in emerging economies.
EN Alliance (vol. 18, no.1, March, 2013) p.50-56.
Traducción por el Centro Mexicano para la Filantropía, A.C.