En el año de 1993 el Centro Mexicano para la Filantropía organizó el Primer Seminario sobre Fundaciones Comunitarias buscando modelos disparadores de desarrollo local con base en la movilización de recursos locales, que pudieran ser viables en la realidad mexicana y que, a la vez, contribuyeran, a la promoción de la filantropía para lograr objetivos de desarrollo social.
Este seminario tuvo como objetivo presentar en México un modelo de movilización de recursos y promoción de filantropía a nivel social que ha tenido enorme crecimiento y gran impacto en la realidad estadounidense y canadiense principalmente.
Participó en este seminario Suzanne Feurt experta en el tema, quien, con el apoyo de la Fundación Charles Stewart Mott, explicó la experiencia estadounidense, sus logros e impacto.
En el modelo tradicional de una fundación comunitaria, la tarea consiste en movilizar recursos locales, privados, para aplicarlos a fines sociales, públicos, se persigue la inclusión de los diversos actores, pero con independencia de los gobiernos o programas gubernamentales, aunque se contemplan oportunidades de colaboración con los mismos. La labor de la fundación comunitaria incluye el análisis del contexto local, el conocimiento, seguimiento y evaluación del trabajo de las organizaciones de la sociedad civil de la región, de los programas de desarrollo social o asistencia empresariales y de los programas gubernamentales. De ahí la fundación comunitaria puede detectar objetivamente la problemática comunitaria, los esfuerzos efectuados, los resultados logrados y con ello proponer soluciones estratégicas, canalizando a éstas los recursos obtenidos de la propia comunidad.
La fundación comunitaria sirve a los donantes ofreciéndoles información, consejo, seguimiento y evaluación de los proyectos hacia los que se canalizan sus inversiones en el desarrollo de la comunidad.
Una fundación comunitaria es un “fondo” de recursos de la comunidad: económicos, tecnológicos, humanos, y de todo tipo, que son puestos a disposición de la propia comunidad en orden a la satisfacción de sus necesidades y problemáticas.
Hacia 1994 un grupo de filántropos mexicanos, convencidos de la bondad del modelo y concientes de las necesidades particulares del Estado de Oaxaca, inició la promoción de la Fundación Comunitaria de Oaxaca la cual nació con apoyos internacionales de las Fundaciones Ford, Charles Stewart Mott, Rockefeller así como con apoyos individuales nacionales e institucionalmente el del CEMEFI. Esta es la primera Fundación Comunitaria mexicana que nace como tal.
A partir de esta experiencia, otros grupos comenzaron a interesarse, dando nacimiento a otras fundaciones comunitarias en el país.
Una experiencia de inicio diferente fue la ocurrida en el Estado de Guanajuato. El modelo de fundación comunitaria fue llevado al gobierno del estado e incluido en la política social estatal, bajo el mandato de Vicente Fox. En este contexto el gobierno proveyó de los llamados “capitales semilla” que aportaron el monto inicial que permitió promover la creación de algunas fundaciones comunitarias en el Estado: la Fundación Comunitaria Regional de Celaya, la Fundación Comunitaria del Bajío y la Fundación Dishaní en San Miguel Allende son fundaciones comunitarias nacidas con estos donativos del gobierno estatal.
El origen de estas fundaciones marca una forma de operación específica. Estas fundaciones conciben su trabajo como la creación de un espacio de vinculación de fuerzas de los diversos actores sociales, incluyendo al gobierno dentro de los mismos, para el desarrollo de proyectos específicos, formación y fortalecimiento de redes en orden al logro del desarrollo comunitario.






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