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Jóvenes investigadores en el Congreso de Investigación

Realizados el 22 de abril, en el segundo y último día de actividades

Una de las innovaciones que tuvo la vigésima edición del Congreso de Investigación fue la inclusión de dos paneles de jóvenes, investigadores y activistas, graduados del Programa de Liderazgo para Jóvenes Indígenas de la UDLAP.

En el primer panel "La participación de los jóvenes en la construcción de acuerdos, búsqueda de soluciones y propuestas de incidencia", participaron Miriam Hernández Vázquez, de la Universidad Intercultural del Estado de Tabasco; Erika Uicab Campos, de la Universidad Autónoma de Yucatán y Noel García García, de la Universidad del Mar; y como moderadora estuvo Laura Elena Romero López, de la Universidad de las Américas Puebla.

En el segundo panel "El rol de los jóvenes en la construcción de conocimiento: nuevas propuestas al quehacer de la investigación", participaron Carolina Santos Segundo, de la Universidad Intercultural del Estado de México, Celeste Flores Cuevas, de El Colegio de San Luis; Eliber Gómez Abadía, de la Universidad Intercultural de Chiapas y Damián Caamal Borges, de la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo; teniendo como moderador a Adrián Baxcajay Sánchez, de la Universidad de las Américas Puebla.

Durante las sesiones, los jóvenes hablaron sobre el origen de su activismo y sobre el empedrado camino que han recorrido para desarrollar sus investigaciones y del reto que representa llevar el conocimiento generado a sus comunidades.

El pensamiento crítico prevaleció en la discusión, pues los jóvenes no solo hablaron de su experiencia sino de los orígenes de las problemáticas sociales en las que están tratando de incidir, que se resumen en una cultura de discriminación, de devaluación hacia su cultura. Lejos de sentirse orgullos de ser los herederos y salvaguardas de una cosmovisión ancestral, los padres de familia promueven que en las escuelas no se impartan clases en lenguas indígenas, por considerar un conocimiento inútil para sus hijos.

De manera común, la barrera idiomática es un obstáculo para investigar, generar conocimiento y socializarlo. En primer lugar, la discriminación generada bien por su condición de joven o por su origen indígena es el primer obstáculo por saltar. Luego, una vez que se ha logrado la vinculación con investigadores serios y prestigiados, la dificultad que implica consultar documentos que están escritos en idiomas que no son el español y finalmente, resolver el desafío de cómo difundir el conocimiento adquirido y sobre todo, ponerlo al servicio y para el beneficio de las comunidades de donde son originarios.

Otro de los grandes retos para continuar con sus investigaciones es el financiamiento. Documentar lo que se sabe implica una inversión de recursos y en muchas ocasiones, los padrinazgos en las investigaciones resultan ser contraproducentes por la intención perversa de los inversores que solo buscan apropiarse de los proyectos para el beneficio propio.

Finalmente, el desafío -quizá el más grande- es la discriminación dentro de la propia comunidad que desconfía de las aportaciones que un joven de su misma condición pueda llegar a hacer. Ante tal panorama, los jóvenes investigadores no se desaniman y reconocen nuevas posibilidades de continuar con su desarrollo. La creación de redes de jóvenes líderes es una; lo cual les permitiría multiplicar aprendizajes, potencializar al máximo la vinculación con actores sociales y les daría un piso más firme para conseguir financiamiento de proyectos.

 

Otro de los caminos que se planteó fue la vinculación directa con las instituciones de educación superior que en la mayoría de las ocasiones son las que resguardan las escasas publicaciones que se logran producir. Si bien es el mejor lugar para conservar un documento, habría que explorar el modo en los que sean las universidades los promotores o intermediarios con otras instituciones para dar a conocer las propuestas vertidas en las investigaciones de los jóvenes, “colonizar la información en lugar de que esté disponible únicamente a un grupo reducido de personas”.

Al hacer investigación en comunidades indígenas la ética debe reflejarse en la dignificación de las personas investigadas, haciéndolas partícipes de la investigación misma dejándolas que aporten su propio conocimiento, en lugar de solo tratarlos como objeto de estudio.

La visión del investigador es fundamental en los resultados de cualquier proyecto. El reto estriba en la creación de un conocimiento colectivo para que exista una verdadera apropiación del mismo y exista la posibilidad real de esperar un cambio social tras el proceso de aprendizaje.