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Evento sin costo y abierto a personas integrantes de OSC en México.

“Mamá, por favor quita esa foto mía, porque ahí no soy yo”. Al igual que Karina, muchas mamás no conocen ni siquiera la palabra “transgénero”, lo que les dificulta apoyar a sus hijas o hijos en el proceso de descubrir su identidad. Conoce la historia de César y Karina.

Musas de Metal trabaja a favor de los derechos de la comunidad LGBT y promueve el respeto a la diversidad. Escucha los testimonios de Karina y César.

La organización Musas de Metal y más en específico, sus talleres, han marcado un cambio gigante en mi vida en dos aspectos, la relación y apoyo que recibo de mi madre y el conocimiento y amor que tengo sobre mí mismo.

Esto por la transición que tuvimos mi madre y yo, ya que cuando le dije que era trans, mi madre, después de asimilarlo y digerirlo, reaccionó con completo amor y aceptación; dijo que me apoyaría en todo y que no estaría solo. A pesar de que fue (y es cierto), ni ella ni yo contábamos con las herramientas necesarias para cumplir esas palabras.

Por mi parte me sentía solo, a pesar de tener información y saber que contaba con el apoyo de mi familia y amistades más cercanas nunca me sentía completamente comprendido. Cuando hablaba sobre experiencias o puntos de vista intentaban compararlo con sus vivencias como personas cisgénero, pero eso no me ayudaba o hacía sentir mejor.

Entonces empecé a frustrarme y tener el deseo de conocer a más personas trans para aprender de ellas y tener un espacio en el que pudiera encontrarme en los pensamientos de otras personas. Ese deseo de encontrar un lugar donde yo no sea el diferente, donde no tuviera que explicar y justificar mis experiencias y sentimientos. Por suerte este lugar llegó cuando mi mamá me contó de ‘’Transcribiendo Vidas’’, un taller que impartía Pol a personas trans…¡como yo!, pensé.

César y su mamá hondean las banderas de la diversidad
César y Karina hondean las banderas de la diversidad en el Zócalo capitalino.

Dicho y hecho, estar ahí me creaba un lugar seguro, un lugar lleno de personas donde dejé de ser un ‘’yo, solo’’ y empezó a ser un ‘’nosotres, juntes’’. Aprendí muchas cosas que me permitieron entenderme y amarme como nunca pensé que lo haría.

Por otro lado, mi madre que intentaba apoyarme le era muy difícil entenderme y no la culpo, realmente es un proceso difícil, ni yo mismo lo hacía por completo.

Estaba sola, ahora no podía preguntarle o contarle a cualquier persona porque o no lo entendía o pensaba que mi mamá estaba haciendo algo incorrecto. Por suerte, un día llegó a ella un link, el taller de ‘’Acompañamiento Trans’’ un lugar lleno de familiares de personas trans, donde mi mamá como yo, logramos encontrar ese apoyo y entender mejor todo lo que yo solicitaba en mi transición. Esto nos ayudó mucho a ambos y fortaleció por completo nuestra relación, esto nos hizo muy feliz.

Mi mamá y yo seguimos aprendiendo y recibiendo acompañamiento, ya que hasta la fecha seguimos comprendiendo mejor al otro y a nosotres mismes. Lo que pudo ser una historia de terror se transformó en una llena de aprendizajes, amor, tolerancia, empatía y acompañamiento.

¿Qué hacen las OSC? Conoce más historias de éxito de organizaciones de la sociedad civil en el siguiente enlace. Envía tus historias de éxito a alejandra.gonzalez@cemefi.org para que sean publicadas en este espacio y en las redes sociales de Cemefi.

 

“¿A dónde puedo llegar, sin estudios y sin carrera?” Era la pregunta que con tristeza se hacía Guadalupe, quien tuvo que abandonar su carrera de música por problemas económicos, pero todo cambió cuando ingresó a La Cima IAP. Conoce su historia.

La Cima apoyó a Guadalupe para que regresara a la universidad para concluir su Licenciatura en Música.

Historia de éxito de La Cima I.A.P. Testimonio de Guadalupe Lomas

Mi situación antes de ingresar a La Cima es que yo acababa de dejar la carrera por problemas económicos, ya que implicaba un gasto fuerte vivir fuera de casa: tener que pagar renta, la comida y la colegiatura.

Yo en ese momento empecé a trabajar dando clases de piano y con lo que ganaba lo ocupaba para pagar la renta y la comida, seguir viviendo aquí en Querétaro y también para unas clases particulares de piano. Y nunca dejar de prepararme. 

Yo nunca dejé la idea de continuar la carrera, solo que no sabía de qué manera lo iba a lograr, hasta que encontré a La Cima. Me sentía con algo de miedo e incertidumbre al futuro, como…¿a dónde podría llegar?

Sin estudios y sin carrera…y también con un poco de tristeza porque sentía que había falta de oportunidades para poder continuar mis estudios cuando yo tenía mucha voluntad. Pero igual nunca dejé la intención de que se me iban a abrir las puertas y así fue como ingresé a La Cima.

Los talleres o cursos que más valoro (que me han otorgado), son los de autoconocimiento, porque me ayudan a actuar en diversas áreas de mi vida de una manera más…sensata y prudente, a ser más empática con las personas e incluso conmigo misma.

Como ejemplos de los talleres son Semiología de la vida cotidiana y Mi terapia personal. también agradezco todo lo demás que se me ha brindado; económicamente e incluso un piano. Yo no tenía un piano acústico, solo tenía un piano electrónico. Pero gracias a donativos de personas muy generosas fue que también logré cumplir ese sueño.

El hecho de yo poder tener un proyecto comunitario es otorgar las mismas oportunidades que a mí se me han brindado, a cada vez más personas, es crear igualdad para que cada vez más niños y jóvenes puedan desarrollar todos sus talentos y habilidades y que sepan que pueden cumplir todas sus metas o sueños con mucha voluntad.

Foto de Guadalupe Lomas
Guadalupe sintió que no podría regresar a la universidad hasta que encontró el apoyo de La Cima IAP.
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  • Cemefi ha acondicionado el edificio de su sede, “Casa Cemefi”, para darle la bienvenida a todas las personas.
  • La asociación presentó también su nueva página web accesible.

“Que nadie quede fuera”, fue el nombre del evento por la accesibilidad que se realizó, en Casa Cemefi, el 27 de julio. Cemefi es una comunidad promotora de ciudadanía y de responsabilidad social, por lo que se está asegurando de incluir en sus actividades y servicios a todas las personas, de modo que está haciendo los ajustes necesarios para hacer accesibles en su totalidad sus infraestructuras físicas y digitales.

“Hay muy pocas organizaciones de la sociedad civil que son accesibles”, señaló Ricardo Bucio Mújica, presidente ejecutivo de Cemefi, al hablar de los eslabones de accesibilidad con los que se construyó Casa Cemefi, obra culminada en 2020. Señaló que se han hecho adecuaciones al edificio para hacerlo cien por ciento accesible y que, gracias a la asesoría de la asociación civil Libre Acceso, esto ya es una realidad.

Durante su intervención reconoció que hay una normalización de la inaccesibilidad de parte de quienes prestan bienes y servicios, y también de quienes los consumen; por lo que incidir en cambiar la cultura es la parte más complicada del proceso de accesibilidad. El tema del diseño universal (desde la construcción de espacios físicos, protocolos, documentos, dispositivos tecnológicos, etc.) aún sigue siendo ignorado, y hay que trabajar mucho para que sea aplicado en todos los espacios. 

La accesibilidad es un derecho, y hacer los ajustes razonables para garantizarla es una obligación por ley, según la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, agregó Bucio. “No aceptemos la inaccesibilidad, a cada persona y a cada institución nos toca pensar cómo hacernos partícipes de la accesibilidad y de la inclusión”, enfatizó el presidente de Cemefi durante la mesa de diálogo “Que nadie se quede atrás, organizaciones empresas y universidades por la plena inclusión”.

En esta participaron Laura Bermejo Molina, Presidenta de Libre Acceso; Laura Mónica Madrigal González, rectora de la Universidad Tecnológica de Santa Catarina, en Nuevo León; Daniel Ríos Villa, vicepresidente adjunto de Asuntos Externos y Sustentabilidad, de AT&T México; y la moderadora fue Katia D’Artigues Beauregard, periodista y cofundadora de la asociación Yo También.

Daniel Ríos apuntó que la accesibilidad también se refiere a la flexibilidad del entorno para adaptarse a las distintas necesidades de cada persona y que, en este aspecto, la tecnología es un gran aliado para hacer adaptaciones. Hemos avanzado mucho en el campo de la virtualidad, hay muchas aplicaciones -la gran mayoría gratuitas- para personas con discapacidad, lectores de pantalla, guías para cruzar la calle, que hoy están disponibles.

Mónica Madrigal, de la Universidad de Santa Catarina, dijo que desde 2004 trabajan con todos los recursos tecnológicos para incluir a personas con diferentes tipos de discapacidades en todas las licenciaturas y darles la oportunidad de aprender, lo que es un verdadero modelo de educación superior inclusiva, al ofrecer apoyos específicos de acuerdo al grado y tipo de discapacidad.

La periodista Katia D’Artigues celebró que en México existan estos esfuerzos por brindarle oportunidades de estudio a las personas con discapacidad, sobre todo al tratarse de una universidad pública. Señaló que, si bien se trata de un importante avance, hay que impulsar políticas públicas para lograr el diseño universal, que significa que todas las cosas estén creadas y pensadas para el uso de todas las personas.

Cemefi presentó su nueva página web accesible

Porque la accesibilidad es un proceso que implica comprensión del tema, la decisión de llevarlo a cabo y el establecimiento de una ruta de accesibilidad completa; Cemefi ha capacitado a su personal en el tema a fin de diseñar servicios informativos accesibles para todas las personas.

Arturo Vaillard Martínez, director de operaciones de Marnic Asesores, explicó cómo fue desarrollada la nueva página electrónica de Cemefi para hacerla accesible. Al respecto, señaló que la accesibilidad web se refiere al acceso universal a los contenidos que hay en Internet sin importar con qué equipo tecnológico cuente el usuario, ya sea teléfono, computadora o tableta; o el tipo de navegador que esté usando; la infraestructura de red que cuente, ni qué idioma hable. La nueva página de Cemefi cumple con las pautas de accesibilidad de la Web Content Accessibility Guidelines (WCAG), estándar aceptado a nivel mundial.

Ricardo Reynoso López, coordinador general de Comunicación de Cemefi y quien lideró el proyecto de la web accesible en Cemefi, dijo que para el lanzamiento de la nueva página se hicieron pruebas con personas con discapacidad a modo de tener retroalimentación y detectar posibles errores.

Refirió que el diseño de contenidos accesibles continuará como un ejercicio permanente en el que se tomarán en cuenta las opiniones de todos los usuarios, especialmente aquellos con alguna discapacidad.

Casa Cemefi, un inmueble accesible

En 2017, la asociación decidió construir Casa Cemefi, un espacio para la vinculación incluyente. Su objetivo es que las personas contribuyan al aprendizaje, a la generación de conocimiento, a la visibilidad de causas e iniciativas socialmente responsables, y a la unión de esfuerzos colectivos. Casa Cemefi le da la bienvenida a todos los actores sociales que están interesados en el bien común, y se asegura que nadie quede afuera. 

Por ello, en 2022 el edificio es un inmueble accesible para toda la Comunidad Cemefi, acondicionado con rampas, sanitarios inclusivos, señalética en Braille, lugares asignados de estacionamiento, e interpretación en Lengua de Señas Mexicana en todos los eventos presenciales y virtuales.

Espacios accesibles en Casa Cemefi
Las salas de juntas, los accesos y los elevadores de Casa Cemefi cuentan con sistema Braille.

Hay  problemáticas que ponen a niñas y niños en una situación de extrema vulnerabilidad. Conoce la historia de Aurelio Sevilla y cómo fue acogido por muchos años por el Internado Infantil Guadalupano, hasta convertirse en un profesionista.

Aurelio Sevilla se superó gracias al apoyo del Internado Infantil Guadalupano.

Nací hace 33 años en una comunidad indígena, llamada Patla, en Puebla. Mi origen es Totonaco. Mi papá era alcohólico y quedé prácticamente huérfano a los 2 años. Desde entonces, los vecinos fueron quienes me cuidaron. Algunos días los pasaba con mi madrina de bautizo, otros días con otra familia. Pero llegó un día en que encontré la oportunidad de huir de esa realidad. 

Un amigo del pueblo, que trabajaba vendiendo dulces y fruta en la Ciudad de México, me invitó a irme con él a trabajar. En una ocasión, ya trabajando en la capital del país, el “patrón” me descubrió regalando un dulce a una señora. Me golpeó en la cara. Me regañó y me dio dinero para ir a comprar más dulces. 

Fue entonces que aproveché la ocasión: tomé el trolebús y me dirigí a la Terminal del Norte para regresar a mi pueblo. Estando en la terminal me di cuenta que tenía cuatro problemas: primero, no hablaba bien español; segundo, no traía suficiente dinero; tercero, el nombre de la población que recordaba para regresar -“Villa Juárez”- se encuentra (al menos) una en cada estado de la República; y cuarto, era menor de edad. El resultado fue que no me podían vender ningún boleto y que hablarían a Trabajadores Sociales para que vinieran por mí.

Pero no quise esperar y me salí de la Terminal. Llegué a un parque, me quedé con un grupito de chavos que ahí vivían. Me bañaba en la fuente, comía lo que podía, y seguí vendiendo dulces.  Pasó otra semana y regresé a la Terminal decidido a irme con los de Trabajo Social.

Primero estuve en un albergue temporal y después de un par de meses llegaron a darme dos noticias, una buena y una mala. La mala fue que habían encontrado a mi papá en el pueblo, pero que seguía perdido en el alcohol y que además ni siquiera se había dado cuenta que yo me había ido. Y la buena, fue que tenían dos opciones para mi: una casa hogar: “El Mexicanito” o el Internado Infantil Guadalupano. Mi decisión inmediata fue el Internado Infantil Guadalupano. En ese momento se abrió una puerta en mi historia.

Ahora que soy mayor, comprendo que de niño, el estado de vulnerabilidad que tenía era muy grande: no existía para mi el derecho a un hogar y al bienestar; a la educación, a la salud. Además de mi origen indígena y la situación de orfandad sufría también explotación infantil. 

Cuando llegué al Internado, mi vida cambió. A partir de ese momento, tenía un lugar para dormir, con ropa limpia. Por primera vez en mi vida llegué a comer tres veces al día. Además, tenía agua limpia y caliente para bañarme.

Esto no fue lo más importante. Lo más valioso fue que había un equipo de personas que me cuidaban todo el tiempo. Me llevaban a la escuela y me daban todo lo necesario para poder estudiar. Además tenía una maestra que me ayudaba a regularizarme en distintas asignaturas y a aprender español. Esa presencia, tanto de los Hermanos Lasallistas, maestros y amigos del internado, fue lo que me permitió sentirme alguien importante. También, me ayudó a descubrir que era capaz de muchas cosas que nunca había imaginado. 

Continué con mis estudios. Terminé exitosamente la secundaria, lo cual me abrió las puertas a una buena preparatoria: La Universidad La Salle México. Esta última me costó mucho, pero logré terminarla.  El mismo Internado me ayudó a conseguir una beca para estudiar en la Universidad de La Salle Bajío. Decidí estudiar Turismo, lo que me ha permitido conocer muchos lugares y acumular muchas experiencias que me permitieron descubrir lo que más me gusta hacer. 

Al terminar la carrera me fui a vivir a Cozumel con el apoyo de uno de mis amigos. Comencé trabajando como mesero y buscando siempre nuevas oportunidades; pensaba que por el hecho de haber terminado la licenciatura iba a llegar de inmediato al menos como Capitán en un restaurante. 

Tuve que aprender inglés y entre la práctica y el estudio, en un par de años ya dominaba el idioma. Seguí preparándome y me certifiqué como Sommelier. Fui tocando puertas y tocando puertas, y se fueron dando las oportunidades. Actualmente soy Maître D´ Sommelier en Cancún, un logro profesional sumamente importante en mi vida. 

Sin embargo, para mí lo más importante es mi familia: mi esposa y mis hijos; y, claro, que soy resultado de las acciones de muchas personas que pusieron su granito de arena para que mi proyecto de vida se transformara en una mejor versión.

Tengo muchas cosas todavía por transformar y por construir y tengo el compromiso de no defraudar a quienes han confiado en mí. Quiero que mi vida sea un homenaje al Internado y a todos quienes me transformaron en alguien mejor. Tengo la convicción y el interés en hacer algo por quienes más lo necesitan.

 Historias de éxito de organizaciones de la sociedad civil, lee más en el siguiente enlace. Envía tus historias de éxito a alejandra.gonzalez@cemefi.org para que sean publicadas en este espacio y en las redes sociales de Cemefi.

“Me siento una persona importante, que puedo dar mensajes sobre la discapacidad intelectual”, asegura Andrea.

Foto de Andrea
Andrea da testimonio de que una persona con síndrome de Down puede tener una vida independiente.

Tengo 25 años. Desde que nací mi familia siempre me ha apoyado y ha buscado lo mejor para mí. 

Desde que empecé la escuela siempre ha sido en inclusión. He estado en muchas actividades como terapia física, cognitiva, de lenguaje, y cuando empecé a caminar hice mucho deporte, aprendí a nadar, hice gimnasia, jugué futbol, baloncesto y tenis.

Siempre he estado en escuelas y actividades de inclusión, y también en grupos de actividades de personas con discapacidad intelectual. Hice primaria, secundaria, preparatoria y la Universidad con un programa especial de educación para la vida. Claro, todo con currículum adaptado a lo que yo podía aprender y hacer. Lo importante en la Universidad es que empecé con actividades laborales en diferentes departamentos, donde he aprendido lo importante que es el trabajo como la puntualidad, como debo de vestirme, respetar a mis jefes y trabajar bien. 

He podido trabajar en diferentes lugares y lo que más me gusta es trabajar en oficina. Diferentes organizaciones me han ayudado a tener trabajo, entre ellas Best Buddies. Y gracias a un foro de familia, de Best Buddies y Olimpiadas Especiales de hace 2 años, conocí a Pilar Bazán y Fernanda Martínez, de Olimpiadas Especiales. Platicando con ellas me invitaron a participar en Olimpiadas Especiales, como atleta líder.

Paola Martinelli me ha ayudado y apoyado en el programa de Atletas Líderes y para mí ha sido muy importante porque me gusta mucho hablar en público y con el programa he tenido oportunidad de hacerlo. Además, también me han dado la oportunidad de ser voluntaria en las oficinas nacionales, todos los directores me tratan muy bien y les ayudo a hacer algunos trabajos que me piden. 

Participé en un seminario de Líderes de Olimpiadas Especiales Latinoamérica, en donde aprendí muchas cosas, como liderazgo,  me ha gustado mucho todo esto e hice el cineminuto.  Y al ver a mis compañeros atletas competir y ganar medallas, empecé a hacer ejercicio otra vez. Estoy haciendo crossfit, bailo belly dance en una academia y estoy iniciando gimnasia rítmica y me gustaría practicar atletismo. Lo que más quiero ahora es llegar a competir y ganar medallas.

Esto para mí ha sido muy importante en mi vida porque gracias al programa de Olimpiadas Especiales México me siento una persona importante, que puedo dar mensajes sobre la discapacidad intelectual. Me enseña muchas cosas al poder participar con ellos, al participar en diferentes eventos donde convivo con muchas personas con y sin discapacidad intelectual, me ha motivado a hacer deporte y he podido conocer a muchos compañeros atletas.  Ha sido una gran oportunidad para mi desarrollo y para mi vida.

Esto lo veo siempre en Olimpiadas Especiales, nos tratan muy bien a todos los atletas y nos dan la oportunidad de pertenecer a un grupo tan importante y no solo estar en casa. Que todos se den cuenta que nosotros también tenemos ganas de hacer cosas y podemos hacerlas: ir a la escuela, trabajar, hacer deporte, competir, convivir con mucha gente y comportarnos muy bien.

Historias de éxito de organizaciones de la sociedad civil, en el siguiente enlace. Envía tus historias de éxito a alejandra.gonzalez@cemefi.org para que sean publicadas en este espacio y en las redes sociales de Cemefi.

Vinculación y alianzas

Visibilidad e impulso de la responsabilidad social

Desarrollo, fortalecimiento y soluciones

Generación y gestión de conocimiento

Incidencia social y pública

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Reunimos Saberes

Construimos Inclusión

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Producimos Innovación

Contagiamos Pasión

Generamos Impacto

Vivimos el Servicio

Actuamos con Ética

Fundada en 1988, Cemefi es una comunidad de organismos, organizaciones y personas comprometidas para generar un cambio social justo, de manera colaborativa. Su propósito es habilitar y activar la responsabilidad ciudadana para generar valor social, centrado en las personas.

Actualmente, la Comunidad Cemefi está integrada por más de 1,600 miembros —que son fundaciones, asociaciones, empresas y personas—, más de 3,000 usuarios de sus servicios y un equipo operativo formado por más de 50 personas. Además, la asociación cuenta con 19 Aliados Regionales que promueven sus programas en 20 estados del país.

Casa Cemefi es un punto de encuentro para las organizaciones de la sociedad civil, empresas socialmente responsables, ciudadanos, start-ups, consultores, voluntarios y ciudadanos que trabajan en iniciativas que generan impacto social.

En Casa Cemefi puedes encontrar espacios para organizar conferencias, talleres, eventos de procuración, presentaciones de libros, webinarios, seminarios y todo lo que imagines. Sus ambientes están equipados para estimular la creatividad y el potencial de todos.

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