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En imagen: Ricardo Adair Coronel Robles. Fotografía vía "El País".

La voz de Ricardo Adair Coronel Robles, quien vive una condición del espectro autista.

Me llamo Ricardo Adair Coronel Robles y tengo 33 años. Soy mexicano, trabajo en el museo Soumaya y tengo la condición del espectro autista, antes conocida como síndrome de Asperger. El próximo martes 30 de agosto en la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México voy a conversar sobre mi experiencia como persona con discapacidad y los problemas que ahora tengo para decidir y para poder solicitar apoyo para hacerlo.


La Suprema Corte de Justicia la Nación (SCJN) empezó a discutir el tema del derecho a decidir de las personas con discapacidad por primera vez por un caso en el que yo fui quejoso. En ese entonces la SCJN me dio la razón y de hecho la sentencia que emitieron fue la primera que se hizo en lectura fácil, en un lenguaje más sencillo, para que todas las personas pudieran entender de qué se trataba el asunto.

Cuando decidieron darme la razón no dijeron que la tutela, que limita la posibilidad de que personas con discapacidad decidan por sí mismas lo que quieren, era contraria a la Constitución de México. Esto por fortuna ha cambiado en otros casos que la propia SCJN ha conocido, de hecho, la semana pasada acaban de decidir nuevamente que la tutela discrimina a las personas que tenemos una discapacidad.


En el evento del 30 de agosto yo voy a hablar de cómo quiero que me apoyen para tomar decisiones. Hoy por hoy mi mamá todavía es mi tutora y ella me ayuda con algunas de las decisiones que quiero tomar, pero la idea es que me apoye para que sea yo el que tome las decisiones que quiero para mi vida y no ella la que decida por mí. Yo no pido otra cosa sino lo mismo que cualquier otra persona: poder decidir yo.


Con la propuesta que un grupo de organizaciones que se llama Decidir es mi Derecho elaboró para reformar la legislación civil de la ciudad de México, mi mamá podría apoyarme sin que yo esté bajo tutela y se limite lo que yo quiero hacer. Aunque la SCJN me dijo que tenía la razón, yo no podría todavía, por ejemplo, comprar una casa por mí mismo, o contratar con otra persona sin que ella firme en mí nombre. La tutela sigue siendo la tutela.


La propuesta dice que cualquiera debe poder decidir sobre las cosas de su vida, incluidas las personas con discapacidad y las personas mayores. Además, también dice que pueden existir la posibilidad de designar o contratar apoyos para que ayuden a las personas a tomar decisiones, por ejemplo, a comunicarse con otros, a entender las consecuencias de determinadas acciones o actuaciones, y a manifestar su voluntad si eso es lo que necesitan y quieren.


La idea es que las personas tengan la opción de manifestar como quieren ser apoyadas y no que se les exija tener un tutor o impedirles hacer cosas por sí mismas. Exigir que una persona tenga tutela es lo que la SCJN ya dijo que era contrario al derecho constitucional mexicano e internacional.

En México todavía es posible que te nieguen un servicio o un bien porque te consideran incapaz. Por ejemplo, no te dejan heredar o ser beneficiario de un seguro porque según esto eres incapaz. La palabra misma es horrible. Yo soy una persona capaz, tengo deseos, tengo trabajo, tengo amigas y amigos, también tengo muchos sueños y es discriminatorio que me digan incapaz. Esa palabra debería desaparecer del código civil de la Ciudad de México y en general de todas las leyes. ¡Está ahí desde 1928! La tutela impide la verdadera inclusión.


Todas las personas somos capaces de soñar y de decidir lo que queremos en la vida. La capacidad de decidir lo que somos no debe depender de nuestra inteligencia. Por el hecho de ser personas debemos ser capaces de decidir lo que queremos hacer, por ejemplo, con quién vivir, la comida que queremos comer, las cosas que queremos comprar y los tratamientos médicos que queremos seguir.


Todas las personas, con independencia de si tienen o no una discapacidad, muchas veces requieren el apoyo de otras para tomar decisiones, pero son las personas mismas las que deben decidir el tipo de apoyos que quieren. Por supuesto tiene que haber medidas para que las personas que te apoyan no te engañen, por eso la propuesta dice que si se prueba que a propósito te engañaron o no tuvieron cuidado en apoyarte bien, esas personas deben pagar por los posibles daños que sufras tú o las otras personas con las que contrates.


En fin, la SCJN ya dijo que la tutela era discriminatoria y que no debería aplicarse, ahora les toca a los diputados y a las diputadas reformar el código civil de la Ciudad de México para decir cómo deben hacerse las cosas sin tutela. Todo eso lo deben hacer preguntándonos a las personas con discapacidad para que podamos dar nuestra opinión. Ese es nuestro derecho.

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